Las Noticias, La Opinión

Mujeres y Política

El amor y la política

Soledad Jarquín Edgar

A lo largo de la historia mexicana han existido infinidad de casos de relaciones amorosas que no pasaron de ser rumores o de breves escándalos, eran los tiempos del periodismo de Estado, controlado y sin redes sociales. Me refiero al reinado largo del PRI, como también los escándalos, que siguieron. Actos que no terminaron con ninguna carrera política de ellos, pese a que también hubo corrupción.

Actrices de la televisora más importante de aquellos días, reinas de belleza y alguna que otra tuvieron relaciones con presidentes y gobernadores. Tenemos el caso del último priista en el poder casado, sin duda alguna, convencionalmente con una actriz para apaciguar los ánimos de un pueblo que sigue creyendo en los cuentos de hadas.

De Rosario Robles a Guadalupe Taddei son dos capítulos de la transición que empezó a escribirse desde finales del siglo pasado y ambos tienen una relación directa con la forma en que aprendimos a ser mujeres y ellos aprendieron a ser hombres, el amor romántico que nos masticamos cada día de nuestra formación y que muchas mujeres siguen sin poder sacudirse porque les dijeron que sin hombre no están completas y de ello no están exentas las mujeres del poder por la simple razón de que son humanas.

El caso Guadalupe Taddei me recordó a Rosario Robles. Los escenarios que engatusan, los detallitos costosos, los arrumacos y los deslumbrantes de viajes a lugares privilegiados y elegantes, los halagos melosos ¿Quién puede resistirse? Casi ninguna, ni la del corazón más peludo, como decía una conocida.

Es verdad, no es el amor lo que ahora termina con la carrera de Guadalupe Taddei, la primera mujer designada presidenta consejera del Instituto Nacional Electoral (INE), la quinta en ocupar el cargo en un lapso de 30 años desde la creación del entonces Instituto Federal Electoral, ahora INE. Como tampoco lo fue en el caso de Rosario Robles, primera jefa de gobierno (interina) en el otrora Distrito Federal, pero si representaron su salida del Partido de la Revolución Democrática, su partido original y la sobre denostación a su persona. Ella volvió con el gobierno con Enrique Peña Nieto, lo que a la postre le costó algunos años de cárcel por el caso de la estafa maestra, cuyas secuelas siguen.

Lo que terminó, en ambos casos y en tiempos distintos, sin y con redes sociales, fue el escándalo, la indignación, el haber trastocado la “norma” del buen decir y del buen hacer, porque como señalé al principio esto siempre ha existido, relaciones de poder de señores con mujeres que recibían los mismos regales casas, viajes, dinero y regalitos costosos. Pero qué casas, qué viajes, bastante dinero y qué regalitos que no salieron de las bolsas ni de las cuentas bancarias de los presidentes, gobernadores, presidentes municipales y funcionarios de todos los poderes y niveles. Y eso también fue y es corrupción.

Sí, es la corrupción y no el amor lo que expulsa a Robles en el PRD y a Taddei del INE, aunado a romper la norma, lo establecido, la costumbre. En este último caso, diremos que estos hechos que de ser ciertos deberán investigarse y sancionarse, si fuera el caso, porque la impunidad ha hecho suficiente daño a este país.

Lo otro que es indispensable reiterar es que en nuestra sociedad, hecha a modo masculino y para los hombres, resulta mayor el agravio de las mujeres, ellas son culpables frente a la moralina social, una sociedad que les impuso el amor romántico, aunque ese amor tiene caducidad en la vida de las mujeres, no en la vida de los hombres. Ellos se pueden enamorar cada tanto a lo largo de su existencia, las mujeres no, “se ve mal” en la adultez, dice doña moralina.

El no podernos sacudir la necesidad de tener alguien a nuestro lado es nuestra responsabilidad como humanas. Seguimos sin poder desaprender lo que nos enseñaron a lo largo de nuestra vida, tampoco es fácil. No hemos logrado educar el corazón para no perder la libertad y la independencia de nuestros quehaceres con respecto al amor. Nos siguen sorprendiendo las rosas, las canciones románticas y los arrumacos, ah, también los regalitos costosos y los viajes. Una mujer común tiene ese lujo, pero en la política eso es imperdonable.

Así que serenos y serenas que la vida sigue. Lo que nos debe importar ahora es la cadena de favores que presumiblemente sembró Taddei a favor de unos y otras. Que la resolución alcance a quien alcance, porque no se trata de renunciar y decir ¡nos vemos luego! O salir por la puerta de atrás y la cola entre las patas, no. Se trata de que la justicia administrativa o penal llegue hasta sus últimas consecuencias. Y el amor en política es para otros tiempos.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *