Las Noticias, La Opinión

La Mala Educación

El presidente está ocupado

Sonia del Valle

Recuerdo como si fuera ayer una frase que me dijo: “El presidente está ocupado”.

La frase resume, en buena medida, el destino de la primera secretaria de Educación en México, Josefina Vázquez Mota.

En noviembre de 2006, antes de que tomara posesión Felipe Calderón, pedí una entrevista con ella. Me dijo que tenía claro, antes de llegar a la oficina de Vasconcelos, que la complejidad y el tamaño de la dependencia requerían del concurso de maestras y maestros, madres y padres de familia, los tres niveles de gobierno, el Poder Legislativo y las organizaciones de la sociedad civil, pero, sobre todo, contar con el apoyo del presidente.

“Llegar con las decisiones que habrá que asumir o con los acuerdos que habrá que convocar, solamente se hace teniendo al Presidente de la República atrás y al lado de uno, de manera permanente”.

Creo que fue lo único que no tuvo.

Después de la curva de aprendizaje, comenzó a tejer su proyecto educativo.

Había heredado el fracaso del Compromiso Social por la Calidad de la Educación, el primer acuerdo entre la SEP y el SNTE para que las plazas docentes se otorgaran mediante concurso de oposición. Decidió firmar otro: la Alianza por la Calidad de la Educación.

El SNTE y sus secciones sindicales pondrían a disposición el derecho que legalmente tenían —y siguen teniendo— para decidir sobre el 50 por ciento de las plazas vacantes y someterlas a concurso de oposición.

Debo decir que una de las fortalezas de Vázquez Mota era el equipo que la acompañaba desde que había sido secretaria de Desarrollo Social: Rodolfo Tuirán y Miguel Székely, además de Jorge Santibáñez y un equipo de asesores con solidez técnica.

Pero le falló la negociación más importante: la relación con quien de facto representaba al sindicato dentro de la SEP, Fernando González. Para él hubo trato distante, negociaciones en las que no participaba y desdén.

Y no sé si Vázquez Mota no se dio cuenta, pero poco a poco fue cerrando los canales de negociación con el sindicato que lideraba Elba Esther Gordillo.

Porque las negociaciones de la Alianza comenzaron muchas veces en la casa de Gordillo. Pero la relación terminó en desencuentro. La dirigente magisterial llegó a presentarle un pliego de incumplimientos de decenas de páginas y pidió que removieran a la funcionaria.

Vázquez Mota intentó subirle “el costo político” al sindicato si no cumplía los acuerdos de la Alianza, al presentarla ante organismos internacionales, organizaciones civiles y cámaras empresariales.

Pero las protestas contra la Alianza aumentaban. La más extendida ocurrió en Morelos.

Mientras tanto, el presidente estaba ocupado. Eran los tiempos de la guerra contra el narcotráfico;  y Gordillo tenía derecho de picaporte en Los Pinos. Cuando algo no le parecía, se quejaba con el Presidente, según me contaron funcionarios de la SEP en varias conversaciones fuera de grabadora.

A Gordillo no le gustaron los resultados del examen de ingreso al servicio docente porque la mayoría de los maestros “reprobó”. Tampoco le gustó que Vázquez Mota intentara abrir las escuelas en Morelos con apoyo de las familias mientras los maestros estaban en paro.

Y no le gustó el trato que, según ella, recibía Fernando González.

Así que durante esos meses daba la impresión de que, mientras Vázquez Mota intentaba avanzar en los compromisos de la Alianza sin el apoyo del presidente, el SNTE le jugaba en contra.

Aunque ella también puso de su parte.

La gota que derramó el vaso fue una Hummer de juguete. Gordillo la llamó “la Hummer de llavero”.

Se enfureció cuando supo que Vázquez Mota había regalado al presidente de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados una Hummer de pilas y advirtió a Calderón que no volvería a sostener ningún encuentro con ella.

Y así fue.

No se lo esperaba. Su remoción llegó en abril de 2009. La Alianza por la Calidad de la Educación no había cumplido ni un año.

Releo la nota de ese día.

“Señor Presidente, es muy gratificante estar con usted y poderle compartir lo que ha sido nuestro proyecto y poderle decir que me siento muy alentada, esperanzada y profundamente agradecida por usted”, dijo Vázquez Mota, mientras intentaba leer un discurso con la voz entrecortada.

“Sí, yo sé”, respondió Calderón.

Al terminar, mientras el Presidente agradecía su colaboración, empeño y trabajo a favor de la calidad educativa, el nerviosismo y la emoción que había contenido Vázquez Mota la traicionaron.

Comenzó a temblar. Permanecía de pie intentando escuchar el discurso y disimular el nerviosismo que se reflejaba en sus piernas, hasta que Rodolfo Tuirán le ofreció su silla y un miembro del Estado Mayor presidencial se la acercó.

“También puedo oírlo sentada, señor presidente”, dijo.

Al final, un abrazo. Una foto. Y una ausencia, la del subsecretario de Educación Básica, Fernando González, yerno de Elba Esther Gordillo.

Y quizá aquella frase de dos años antes había terminado por convertirse en una profecía:

“El presidente está ocupado”.

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