Las Noticias, La Opinión

Mujeres y Política

Una periodista, otra defensora

Soledad Jarquín Edgar

La desaparición forzada y feminicidio de la periodista Roxana Guzmán García, en Nanchital, Veracruz, y el feminicidio de la buscadora Patricia Negrete Tafoya, en Pénjamo, Guanajuato, hechos ocurridos al principio y al final de junio, son dos botones de muestra de lo que ocurre de forma cotidiana en todo México.

En ambos casos, la notoriedad que alcanzan -tanto en redes sociales como en los medios informativos- está directamente relacionada con su actividad: una periodista, directora del portal Pulso Informativo del Sureste; la otra, buscado de su hermana Laura Angélica, de quien nada se volvió a saber desde el 5 de enero de 2021.

Por la actividad de Roxana y de Patricia, la responsabilidad recae con fuerza en el Estado mexicano que no responde, ni con prevención y menos con justicia, esa ha sido la historia de las últimas décadas en que México ha sido gobernado por tres fuerzas políticas diferentes, el priismo, el panismo y el morenismo.

Fórmulas aparentemente diferentes, entonces ¿por qué tenemos los mismos resultados? Quizá porque siguen aplicando la misma fallida técnica que no los ha llevado a nada y sí a aumentar el agravio contra una parte de la sociedad.

Las madres buscadoras han dado muestra de esa circunstancia frente a Vicente Fox, Felipe Calderón, Enrique Peña, Andrés Manuel López Obrador y ahora Claudia Sheinbaum, los gobiernos del siglo XXI. Ellas, las buscadoras que se cuentan por cientos han revelado el lado oscuro y tortuoso del país, porque juntas han demostrado que el problema es muy grave, impunidad que vuelve nada a las y los nadie.

Y cuando digo que a “una parte de la sociedad”, es porque hay otra parte de la población que incluyen, en primer lugar, a quienes forman parte del sistema de gobierno en los tres niveles, las personas anestesiadas.

Las otras personas que no quieren saber nada de las y los nadie es esa gruesa capa de personas que confían en que a ellos eso nunca les va a suceder, las personas vacunadas, porque como los anestesiados, criminalizan a las víctimas al responsabilizarlas de su destino, justifican las faltas.

Ellos y ellas no quieren imaginar ¿cómo llegamos hasta este lugar? En cualquier otro país, el asesinato de una periodista y de una defensora habría puesto a la sociedad en la calle, sin embargo, eso todavía no sucede, lo más que nos pone en la calle es el futbol, curioso podemos responder al mandato del gran capital, pero no al mandato social.

Es cierto, en los feminicidios de Roxana y de Patricia no fuimos todas ni todos, pero hay una línea fina entre la impunidad que tolera el Estado mexicano y la falta de empatía que acuna la sociedad. Eso, sin duda, nos pone claro que hay una responsabilidad que nos atañe. Algo debe cambiar en la sociedad.

Claro, la sociedad de las y los nadie espera algo más de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y ese algo más tiene que ver con reconocer el problema y su gravedad, establecer una política pública efectiva en la búsqueda, es decir, cumplir con la ley.

Además de romper ese pacto patriarcal que sostuvieron los expresidentes pasados con los grupos criminales, con el funcionariado que no acaba de entender su papel, porque habría que decirle a la presidenta que dejar pasar y dejar de hacer también es corrupción y esta deformación de la política que vivimos hoy, cuesta muchas vidas.

Para que la política funcione se necesita que el método sea distinto al que han aplicado sus antecesores.